Las aerolíneas le dicen que contratan tripulación de cabina por seguridad. No servicio. No bocadillos. Seguridad. Un tribunal federal acaba de someter a prueba esa reclamación en una ruta internacional. Y no salió como esperaba American Airlines.

Esto es lo que pasó. Murió un niño de catorce años.

Estaba en un vuelo de San Pedro Sula a Miami y luego a Nueva York. Golpe de paro cardíaco. La conciencia abandonó su cuerpo. Su familia gritó pidiendo ayuda.

La demanda dice que la tripulación se estancó. Esperaron. No lo sacaron del asiento de la ventana lo suficientemente rápido. No pidieron médicos de inmediato. Juguetearon con el desfibrilador de a bordo. * ¿Te sorprendió? No.* Siguió pidiendo RCP.

Finalmente subieron dos pasajeros con formación médica. Le hicieron RCP. Sacaron nuevamente el DEA. El niño aún murió.

“Mucha conmoción”, vio un voluntario. “En realidad no se estaba haciendo nada”.

La lógica de la corte

El Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito de Estados Unidos dictaminó que la mala respuesta de la tripulación no contaba legalmente como un “accidente”.

Piensa en eso. ¿El tratado que regula estas muertes? El Convenio de Montreal. Sólo se aplica a eventos externos inesperados. ¿Caos en el pasillo? ¿Carros bloqueando el camino? ¿Asistentes trepando por encima del equipaje? Eso es complicado. Es un error humano. Pero según esta definición legal, no es responsabilidad de la aerolínea.

Se requiere una “inacción voluntaria” para que sea un accidente. ¿Imperfecto? ¿Confundido? ¿Lento? Esos no son suficientes. Incluso si el manual dijera lo contrario, incluso si la tripulación olvidara cómo accionar el interruptor, eso no es un “accidente” legal. Es simplemente un triste error.

Entonces el caso cambió. Del pueblo. A la caja de plástico.

La disputa del dispositivo

Si la tripulación no es responsable del error, tal vez la culpa la tuvo la máquina. La ley federal exige un DEA que funcione en estos aviones. American Airlines insiste en que el suyo funcionó. Tienen los registros de datos. El dispositivo registró una sacudida. Su experto dijo que la máquina estaba bien.

Cuatro testigos dicen lo contrario. Un médico. Una enfermera. Otros ayudantes. Todos estuvieron de acuerdo. El niño nunca sufrió un shock.

El Quinto Circuito estuvo de acuerdo con los testigos. Al menos parcialmente. Dijeron que no se puede derrotar el testimonio en vivo con datos de máquina, especialmente cuando esa máquina podría estar averiada.

“Si American tenía un desfibrilador funcional… es una cuestión fáctica para una revista”.

Es una configuración clásica. Aerolínea contra testigo. Datos versus memoria.

American argumentará que sus registros internos son más confiables que los de las personas que intentan resucitar a un niño moribundo en una cocina caótica y en movimiento. Podrían argumentar que el niño estaba perdido independientemente de la máquina. ¿Pero para un jurado? Hay una historia más simple. Detenciones de niños. La regla federal requiere equipo. El equipo falla. El niño muere.

El panorama general

Esta sentencia confirma lo que los pasajeros suelen ignorar. Los asistentes de vuelo no son médicos.

Reciben capacitación. Pero no son profesionales médicos. Esperar una respuesta de grado hospitalario en el cielo no es realista. Sí, la seguridad los involucra. ¿Pero sobre todo? Se trata de bajarte del avión si las cosas se tuercen. ¿Recuerda a los pasajeros de Frontier Airlines acumulando equipaje de mano durante una evacuación mientras la tripulación gritaba pidiendo seguridad?

Los tribunales parecen tratar la seguridad de la cabina en vuelos internacionales como un ejercicio de papeleo. El escrutinio recae en el dispositivo, no en el ser humano que lo opera. Juzgamos la herramienta, no las manos que la sostienen.

Esa es la realidad de volar ahora. Las máquinas son responsables. La gente simplemente está ahí.