Henry Bacon no se limitó a diseñar una piscina. El arquitecto detrás del Monumento a Lincoln vio algo más grandioso. Quería un espejo. Uno enorme. La piscina reflectante, que se extiende a lo largo del National Mall en Washington, D.C., fue construida para captar la luz y hacerla rebotar hacia el cielo. Específicamente, estaba destinado a enmarcar dos gigantes: el Monumento a Lincoln en un extremo y el Monumento a Washington en el otro.
“Un espejo de agua”, así lo llamaban los equipos de construcción en aquellos primeros tiempos.
La visión de Bacon no se refería sólo al agua. Se trataba de líneas de visión. La piscina conecta visualmente esas dos estructuras, creando un eje recto que atrae la atención desde los escalones de la estatua de Lincoln hasta el obelisco que se eleva en la distancia. No es sólo un elemento decorativo. Es una herramienta de composición.
Para los viajeros que planean un viaje a D.C., este lugar no es negociable. Realmente no se puede entender la escala del centro comercial sin estar allí. El agua está en calma. Generalmente. Cuando el viento amaina, el reflejo es nítido. El monumento tiene el doble de altura en el agua. Es una sesión fotográfica clásica por una razón. Pero ve temprano. O llegar tarde. El sol del mediodía aplana la imagen. La hora dorada hace brillar la piedra.
La piscina no es lo suficientemente profunda para nadar. Tiene unos 17 pies de ancho y media milla de largo. Es demasiado poco profundo para bucear. Demasiado tiempo para dar vueltas. Está destinado a ser mirado. Para ser caminado al lado. Ser parte de la experiencia.
La construcción comenzó en 1923. Los planos originales de Bacon incluían escalones que conducían al agua. La gente se sentaba allí. Mira los reflejos. El plan era social. Todavía lo es, aunque de forma menos formal. Hoy estás sentado al límite. Cuelga tus pies. Mira a los turistas tomarse selfies. El ambiente es relajado. La historia es pesada.
Algunos podrían preguntarse por qué se llama piscina si no se puede nadar en ella. Es un término técnico. Una cuenca poco profunda. Pero su finalidad es estética. Fundamenta los monumentos. Sin él, el centro comercial parece abierto. Vacío. Con ello, hay una sensación de equilibrio. Simetría.
El agua se cambia periódicamente. No sólo por la limpieza. Para mayor claridad. Quieres ese efecto espejo. Quieres que el reflejo sea nítido. Sentir que estás parado en el cielo.
Los visitantes suelen pasar corriendo por allí. Se dirigen al Smithsonian. A la Casa Blanca. Al siguiente elemento de la lista de verificación. Pero la piscina es donde respira el Mall. Es allí donde la ciudad se detiene por un segundo. Donde miras hacia arriba y ves a Lincoln mirándote desde la piedra. Y encima de él, Washington señala algo no dicho.
Es un lugar tranquilo en una ciudad ruidosa. Un lugar para pensar. Para tomar un respiro. Ver la capital no como un conjunto de edificios. Sino como composición. Uno en el que Bacon acertó. Un siglo después.






















